Eduardo “Chirimbillo” Cánovas: cineasta, activista y pionero del cine Super 8 en Puerto Rico

Eduardo Miguel Canovas Morales

Eduardo “Chirimbillo” Cánovas: cineasta, activista y pionero del cine Super 8 en Puerto Rico

La historia del cine puertorriqueño también se ha construido desde los márgenes, desde el esfuerzo de creadores que, lejos de las grandes industrias o presupuestos, utilizaron el cine como herramienta de expresión, crítica social y compromiso cultural. Entre esas figuras destaca Eduardo “Chirimbillo” Cánovas, uno de los nombres fundamentales del movimiento de cine Super 8 en Puerto Rico y pieza clave en el desarrollo del Taller de Cine La Red durante la década de 1980.

Cánovas falleció el 11 de enero de 2015, una fecha que coincidió simbólicamente con el natalicio del pensador puertorriqueño Eugenio María de Hostos. Su partida marcó el cierre de una vida dedicada al cine independiente, al activismo cultural y a la defensa de causas sociales y políticas que marcaron profundamente su obra.

Conocido entre sus colegas como “Chirimbillo”, nombre que utilizaba también como firma en muchas de sus películas, Cánovas fue uno de los principales impulsores del uso del formato Super 8 como medio serio de expresión cinematográfica en Puerto Rico. En una época en que este formato era visto principalmente como una herramienta doméstica o amateur, él y un grupo de jóvenes cineastas decidieron transformarlo en un instrumento artístico y político.

En 1982, junto a Joaquín “Kino” García, Carlos Malavé y Waldo Sánchez, Cánovas fundó el Taller de Cine La Red, el primer colectivo de cine en pequeño formato en Puerto Rico dedicado a producir obras experimentales, documentales y de contenido político. El colectivo utilizó el cine como medio para cuestionar la condición colonial del país, rescatar episodios de la historia nacional y promover un cine independiente comprometido con la realidad social.

Quienes lo conocieron coinciden en que Cánovas fue el motor del grupo. Su energía, entusiasmo y generosidad crearon un ambiente de colaboración que permitió que muchos cineastas jóvenes encontraran un espacio para desarrollar su trabajo. Muchas de las reuniones del colectivo se realizaban en su propia casa, donde se proyectaban películas en proceso y se discutían ideas, técnicas y proyectos.

Durante esos años, el Taller de Cine La Red organizó encuentros nacionales e internacionales de cine Super 8, que reunieron a cineastas de Puerto Rico, América Latina, Estados Unidos y Europa. Estos eventos fueron posibles gracias a gestiones que incluyeron apoyo del National Endowment for the Arts, el International Center of Super 8 Cinema y diversas redes internacionales de cine independiente.

Gracias a estos esfuerzos, las obras de los miembros del colectivo pudieron exhibirse en festivales internacionales en lugares como Bruselas, Caracas, Nueva York, Austria y Barcelona, llevando el trabajo de los cineastas puertorriqueños a escenarios globales.

El cine de Cánovas se caracterizó por su fuerte contenido político y social. Sus documentales abordaron temas de injusticia, desigualdad y colonialismo, incluyendo episodios como el asesinato de Adolfina Villanueva, el desahucio de Villa Sin Miedo, los ataques contra independentistas y la lucha de Vieques. Para él, el cine no era solamente una forma de arte, sino también una herramienta de denuncia y conciencia.

Quienes trabajaron con él lo recuerdan como un hombre comprometido, solidario y profundamente generoso. Incluso después de la disolución del Taller de Cine La Red a finales de los años ochenta, y del desplazamiento del formato Super 8 por el video, Cánovas continuó realizando cortometrajes y participando en iniciativas culturales relacionadas con el cine.

Además de su trabajo creativo, también apoyó proyectos de otros cineastas. El historiador y cineasta Kino García recuerda, por ejemplo, que Cánovas contribuyó económicamente para completar su documental “Betances: Destierro y libertad” en 2015, negándose incluso a recibir crédito en la producción.

Fuera del cine, quienes lo conocieron destacan su personalidad apasionada y su curiosidad intelectual. Era un conversador incansable sobre temas como política, cultura y cine latinoamericano. También era un ciclista apasionado que recorría San Juan en bicicleta, moviéndose entre Río Piedras, Hato Rey, Santurce y el Viejo San Juan en dos ruedas, una imagen que muchos recuerdan como parte de su carácter independiente.

Eduardo “Chirimbillo” Cánovas fue, ante todo, un creyente en el poder del cine independiente. Su trabajo y su vida estuvieron guiados por la convicción de que el arte puede ser una herramienta de transformación social.

Hoy, su legado permanece en las películas que realizó, en las iniciativas que ayudó a impulsar y en las generaciones de cineastas que encontraron en él un ejemplo de compromiso creativo. Conservar y estudiar su obra es también preservar una parte importante de la historia del cine alternativo en Puerto Rico.

Como parte de esta memoria cinematográfica, los cortometrajes del Taller de Cine La Red se estarán exhibiendo el martes 10 a la 1:00 p.m. en Cinema Puerto Rico, en el teatro de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Bayamón, permitiendo que nuevas generaciones puedan descubrir el trabajo de estos cineastas que ayudaron a construir una de las etapas más vibrantes del cine independiente en la isla.

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